La vacuna y yo

Crucero News
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Trabajo para un hospital y nos ofrecieron ponernos la vacuna contra el Covid-19, si soy honesta no me emocionaba la idea de ser de las primeras personas que se la iban a poner, me veía echando espuma por la boca y convirtiéndome en parte del apocalipsis zombi (si ya sé que soy bastante dramática) pero el hecho de tener una vacuna lista tan rápido me causaba un poco de depresión, y la verdad muchos de mis amigos no ayudaban, dando información sin ninguna base, y con opiniones desde temas religiosos preguntándome si no tenía miedo que fuera la marca de la bestia, hasta de ciencia ficción diciendo que Bill Gates nos va a poner microchips con las vacunas y nos va a cambiar el ADN.

Fue mi mamá la que me convenció en creer en la ciencia y no en rumores, me recordó enfermedades como  poliomielitis, la varicela, viruela, sarampión y las paperas que han sido controladas y hasta erradicadas gracias a las vacunas.

Así que di un salto de fe, y decidí creer en la ciencia y junto a mi mamá fuimos a ponernos la vacuna, en lo que yo considero es nuestro deber cívico, porque como sociedad debemos de hacer nuestra parte para que el contagio disminuya. Mascarillas, distancia social y lavarnos las manos no es sólo para protegernos a nosotros mismos, sino también para mostrar solidaridad a las personas más vulnerables de esta enfermedad.

Con  las vacunas se está buscando tener la inmunidad de rebaño (también conocida como inmunidad comunitaria) que ocurre cuando una población se hace inmune a una enfermedad. Ya sea debido a la existencia de una vacuna o por exposición, en la medida en que el porcentaje de personas inmunes va en aumento, la probabilidad de que una persona que es contagiosa infecte a una persona que no sea inmune, disminuye. Llega el momento en que las probabilidades de propagación de la enfermedad son tan bajas, que se considera que esa población ha adquirido “inmunidad de rebaño” y no lo lograremos hasta que por lo menos el 70% este vacunado.

 Voy a compartirles MÍ experiencia que sé es muy diferente a la de otras personas. El día después de la  primera dosis me sentí muy cansada y por la noche sentí malestar como si me fuera a dar una gripe muy fuerte pero solo duro ese día, sentí un poco a dolorido el brazo comparado con lo que sientes con la vacuna de la influenza. La segunda dosis fue un poco más fuerte, tuve un dolor de cabeza ligero pero constante por 2 días, agotamiento y un poco de falta de aire, pero nada del otro mundo.

Yo no sé si hice la mejor decisión, o si van a haber efectos secundarios, si voy a mutar o echar espuma por la boca, solo sé que yo quiero volver a salir y abrazar a mis seres queridos, quiero respirar sin mascarilla, quiero volver a la normalidad…. yo estoy haciendo lo que está a mi alcance para que esto sea una realidad, sólo espero, que tú también.

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